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Curas para la desesperanza

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Por Verónica Brandán
Es invierno en Argentina, el frío se instala en cada pasillo de Villa Fátima. Se cuela en las casillas y, muy especialmente, entre las ranchadas que caracterizan algunas manzanas.
A la intemperie, en un pasillo, parados o en cuclillas contra un paredón, varios pibes que no superan los 25 años, consumen paco. Es el “pasillo de la muerte” y todos en el barrio evitan pasar por ahí.
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Corre el año 2007. Gustavo y Martín son los curas de la nueva parroquia Virgen Inmaculada. Llegaron hace pocos meses y necesitan hacerse conocer. Por eso, cada día eligen un camino distinto para llegar hasta el templo.
A pocas cuadras de la villa, la noche los encuentra sentados alrededor de la mesa en una casa parroquial prestada, donde viven hasta que la propia esté lista. Terminan de cenar algo caliente para contrarrestar el frío.
Se miran y no hablan.
Hace unos días recibieron una donación de casi ochenta yogures que ahora tienen amontonados en la heladera.
─Si te digo lo que estoy pens…

Entre shawarma y falafel

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De la comunidad Siria tenemos más dudas que certezas. Sin embargo, es la tercera más numerosa de Argentina. La historia de Ahmad y su familia es solo una entre tantas formas de sobrevivir en el exilio. Por Agostina Bertolo Un pequeño local a la calle ilumina la vereda durante las noches y unas pocas mesitas de plástico, tres para ser exactos, son el espacio disponible para disfrutar comida recién hecha. Aunque la mayoría de los clientes la compran para llevar. El negocio está ubicado en Ramos Mejía, en una zona bastante céntrica. No hay puertas, sino una gran arcada que da a la calle. Dos heladeras, una tradicional, de esas vidriadas con bebidas y otra que funciona como mostrador, repleta de bollos de comida con un aspecto extraño. No hacen ni milanesas, ni empanadas, tampoco papas fritas. Hacen comida árabe. Quepe crudo, frito y al horno, falafel, fatay, baklava y el más conocido shawarma son algunos de los platos que uno puede degustar en este pequeño local de comida al paso. Un aroma a…

Soy Luna

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Infancias libres, niñez trans
Por Tatiana Fernández Santos


Luna entró radiante al bar. Su pelo estaba corto hasta la nuca y las ondas castañas le caían al costado de las orejas. La sonrisa no se le borró en toda la noche. Ella es de Río Negro, pero había viajado con su familia a Buenos Aires porque era la fiesta de recibida de su tío Juan y era la primera vez que, tras tanto desearlo, la dejaban salir con vestido.
Llegó con su mamá, su papá y Juli, su hermana de 2 años, que tenía un vestidito amarillo pastel y otro vestido de disfraz encima a pedido de Luna.
A Luna le habían puesto un pantalón de vestir oscuro que le hacía juego con una camisa a rayas verticales celestes y blancas. Cuando estaban por salir del hotel, Fabián, su papá, le dijo:

— ¡Qué lindo que estás Fede, vestido como papito!
En ese momento, Luna se quebró de angustia y rompió en llantos.
— Estoy feo, papá, feo. Juli está linda y yo estoy feo; ¡feo!
El nudo en la garganta sólo se le pasó cuando Mariana, su mamá, la dejó pone…