Recapacitar la discapacidad
En
una tarde de invierno, con el sol casi por desaparecer, entra al café de la
esquina de Leandro N. Alem y Pueyrredón, de José C. Paz, el ex DT de los
Murciélagos y expresa con una sonrisa: “Antes para muchos era una vergüenza
tener un discapacitado fuera de la casa, hoy por suerte la sociedad cambió”.
por Silvina Rozas

Espasmos
infantiles, la alteración del desarrollo psicomotor y una sucesión interrumpida
de ondas lentas, un síntoma mejor conocido como arritmia amplia o hipsarritmia,
son las principales características del síndrome de West. Son graves y poco
frecuentes, y se deben a una encefalopatía epiléptica que se da en la infancia.
Marcelo es un joven de apenas
veintitrés años con ojos color café, contextura delgada y cabello oscuro, tan
largo que le tapa las orejas. Su piel es blanca como un papel de calcar por su
enfermedad, esa enfermedad con la que lucha día a día para salir adelante. En
sus ojos se refleja un gran amor por todas las personas que se trasluce en la
calidez con la que trata a la gente.
Para
llegar a la casa en donde viven Salvador y Silvia junto a su hijo Marcelo en la
localidad de San Justo del partido de la Matanza, hay que atravesar una calle
de tierra, que en los días de lluvia se convierte en barro. El hogar es una
humilde casa de dos habitaciones y una cocina comedor, que si bien es chiquita,
resulta muy acogedora.
Al abrir la
puerta se entra a la cocina
pintada de un color rojo atardecer como una vida que se apaga lentamente. Allí
Salvador está preparando el mate. Sobre una de las paredes en un estante están
los trofeos de fútbol de Marcelo. Justo enfrente, una mesa con la televisión de
la casa llena con su sonido el silencio habitual del lugar. Alrededor hay
algunos portarretratos de la familia y del chico jugando a la pelota.
Salvador
Tarzia es un pintor independiente, desde hace cuatro años se convirtió en
entrenador de fútbol para chicos discapacitados y trabaja con el equipo en el
que juega Marcelo. Día por medio y luego de una mañana de trabajo, el profesor
se pone la ropa deportiva y camina desde
su casa hacia el club, con mucha alegría llevando a su hijo a jugar.
—Tengo
la suerte de manejar mis horarios. Estoy muy pendiente a esto, porque hago algo
que realmente me gusta hacer —dice Salvador.
***
Enrique Nardone, que hoy tiene cincuenta y ocho años, ya se convirtió en
historia en deporte para discapacitados. Es profesor de Educación Física y ex
director técnico del equipo de jugadores que combina a personas no videntes y
videntes (los arqueros y un guía que se coloca detrás del arco contrario),
llamados Los Murciélagos.
—Para
alcanzar el éxito hay que cambiar creencias, barreras mentales y prejuicios que
tenemos todos. Y aplicar la regla de las tres C: Cabeza, Corazón y Coraje
—afirma.
El
deporte es una modalidad adaptada del fútbol de salón. Se juega en cancha de
cinco con piso de cemento o mosaicos, con barreras en los later ales. Cuatro de
los jugadores son ciegos. Por su parte, el arquero cumple las funciones de
atajar y guiar a los defensores. Los delanteros, a su vez, se guían por la voz
del compañero ubicado detrás del arco contrario. —Se trata de un juego con
mucha comunicación— enfatiza siempre Nardone.
—Yo
me recibí de profe y uno de los primeros trabajos que me ofrecieron fue es
empezar a trabajar en una institución de ciegos, y uno de los deportes era el
fútbol, y me dijeron lo querés desarrollar? Y bueno fue una oportunidad
espectacular para mí.
***
El
Centro de Discapacitados de La Matanza (CEDIMA) está ubicado a pocos metros de
la calle principal, también en San Justo. Es en club social y sin fines de
lucro que cuenta con un programa de inclusión deportiva de diversas
discapacidades, destinado a los chicos de la zona, y del que participa y
colabora Salvador.
—Papá
quiero que me lleves a jugar a la pelota donde va Gonzalo…
—Bueno
Marce te vamos a llevar.
—Un
día lo trajimos acá, porque quería jugar al futbol, él era futbolista, pero de
patio de casa y de calle nada más. Y entonces bueno ahí empezó la historia,
empezó a jugar, te imaginás, era algo nuevo para él. De a poquito se fue
largando.
A
primera vista, el lugar tiene la apariencia de ser una fábrica vieja, como si
viéramos a trabajadores de puños de acero, pero en realidad encontramos
corazones sinceros.
—Vos
ves la reacción de ellos, cómo lo disfrutan y el apego que tienen con nosotros,
eso es lo que conseguimos hacer— expresa Salvador con lágrimas en sus ojos,
mientras cuenta que él se perdió 14 años sin saber que existía el fútbol para
chicos discapacitados, —¿Por qué? Porque no hay difusión— termina con la voz
casi quebrantada.
En
el CEDIMA se realizan prácticas de básquet en silla de ruedas, tenis de mesa,
les enseñan a jugar a las bochas y juegos de mesa como el ajedrez. En el otro
galpón más amplio que se encuentra frente al estacionamiento, se practica
fútbol, vóley, y también básquet. Hay dos entradas, una de ellas es la
principal y da a una sala que tiene una vitrina con trofeos y fotos de los
diferentes equipos, lo que le da al lugar un aire de vieja gloria deportiva. La
segunda entrada, que es la del garaje, la usan los chicos para entrar y salir
cada vez que van a hacer actividades.
—En
lo futbolístico creció un montón mi hijo y como persona también, estoy muy
orgulloso de él —enfatiza Salvador.
***
Nardone
es un profesor que nunca bajó los brazos y siempre puso todo su conocimiento al
servicio de aquellos que lo necesitan. En el año 1987 empieza a trabajar junto
con otros profesores en la creación de la Confederación de Deportes para
Ciegos. Desde ésta aportaron las gafas y los parches oculares para igualar en
condición a todos los jugadores.
Protagonizaron una propaganda de la cadena televisiva TyC llamada “Cambiando
las reglas”, donde aparecían jugadores de la Selección Nacional como Crespo,
Bonano, Riquelme y Almeida; en un
partido de veinte minutos contra los Murciélagos, y en el que todos los
jugadores estaban a ciegas. El equipo de los no videntes ganó seis a cero. Esa
propaganda sirvió para posicionar al grupo, para que la gente los conozca, y
para que otros empezaran a entender que el fútbol es una oportunidad
espectacular para el ciego.
***
Con
el paso del tiempo, Salvador conoció a otros papás que pasaban por la misma
situación. Al principio, se reunían solamente en el club, después fueron
juntándose en la casa de alguno de ellos y compartían paseos con los chicos,
con la idea de que los niños jueguen, sociabilicen y aprendan a sobrellevar su
discapacidad para volverla una capacidad, —uno lo pelea como puede —remata
Salvador.
—El contacto con los pibes está siempre. Si no es mi casa, es en la casa de
otro o es un fin de semana y agarramos a los chicos y salimos. Estamos atrás de
ellos para que también disfruten lo que es la relación con la gente. Hay chicos
que no conocen algunos lugares céntricos y bueno… los llevamos, si bien muchos
de los padres no tienen movilidad propia, se las ingenian para llevarlos en
colectivo o en tren. ¿Sabés cuántos papás están en sus casas, con sus hijos sin
saber qué hacer? Yo me convertí en técnico porque un día el profe Alejandro me
dijo: y bueno papá ¿Vos te podés hacer cargo de un equipo? Y bueno justo me
tuve que hacer cargo del equipo de mi hijo, doble satisfacción.
El profe y papá sabe muy bien lo que quiere, y es por eso que lucha para
conseguirlo. Consiguió que mucha gente se entere de lo que hacen. Empezaron a
darse a conocer con el boca a boca. Hay muchos chicos que vienen desde lejos.
Algunos desde el centro, y otros desde zona sur. La idea es para que los chicos
tengan un lugar donde jugar y divertirse. Lograron levantar algo que estuvo por
muchos años abandonado.
—A mí no me pagan nada, yo vengo acá porque lo siento, tengo la camiseta
puesta, la transpiro y hago lo que más me gusta hacer. Si bien es una
institución donde se interrelacionan diferentes deportes para los chicos con
discapacidades, también es real que es algo que se construye entre todos los
voluntarios. Es todo de entre casa, a veces hace falta y ponemos la mano en
nuestro bolsillo y aportamos lo nuestro — resume Salvador. El club pone los
micros para las actividades fuera del establecimiento, la vianda para los
chicos y se ocupa de los chequeos anuales, donde los médicos ad honorem
colaboran sin pedir nada a cambio.
Salvador no podría ahora imaginarse lo que sería vivir sin ser parte de esto.
De vivir para ayudar. De que esa ayuda sea para su hijo y para otros chicos que
sufren de distintas discapacidades.
—Lo que quiero Lo que quiero alcanzar ante todo, es que ellos estén felices al
hacer lo que realmente les gusta. Es lindo ver cómo los chicos disfrutan. Si
bien se avanzó mucho en lo que es el tratamiento y la integración de las
personas con discapacidad, aun así, estamos en una sociedad donde cuesta mucho
aceptar a personas con estas capacidades. Además, no hay trabajo para los
chicos. No hay en el sentido de ‘igualdad para todos’, porque antes de ser
discapacitados son seres humanos.
***
El deporte puede permitir a las personas con discapacidad la
readaptación física y psicológica y sobre todo la reintegración social. Se
convierte en una fuerza que le brinda contacto social a cada uno de ellos,
según afirman psicólogos especialistas en el tema. Los chicos mediante juegos
pre-competitivos, reciben una orientación de las actividades que pueden
desarrollar según sus capacidades.
—Uno sabe de valores y beneficios, no solo físicos sino psicológicos y
sociales. Social es el tema de la transcendencia, fisiológico es porque cambia
y adapta su cuerpo, resulta ser más ágil, puede resolver los problemas motrices
más importantes y en lo psicológico, tiene que ver con la autoestima y la
oportunidad— concluye Enrique Nardone.
La práctica del deporte ejerce muchos beneficios en los niños discapacitados.
Entre ellos el desarrollo del potencial muscular y la resistencia a la fatiga,
también mejora el desarrollo de las funciones vitales, esencialmente el de
respiración. Desarrolla el sentimiento de autoestima y contribuye a la
sociabilización con el otro y con el grupo que se involucra.