Polos opuestos que no se atraen



(Año X Número X - 2010)

La construcción del complejo, que prevé el traslado de tres colegios que padecenproblemas de infraestructura, debería haber finalizado a mediados de 2007. Se asignaron partidas presupuestarias cada año, pero nunca fueron ejecutadas. La comunidad educativa denuncia al Gobierno porteño por no cumplir con un derecho que es de todos: la Escuela Pública.


Por Nadia Luna

Las malezas invaden sin piedad las aulas a medio construir. No hay delantales blancos cuchicheando entre carcajadas. No hay sillas de ruedas deambulando bajo el sol. Sólo los cimientos de un proyecto insigne que se resiste a caer en la desidia. O las bases de una lucha que la educación pública está lejos de abandonar.


El Polo Educativo Saavedra es un complejo escolar en construcción destinado a fortalecer la escuela pública en calidad y servicio. En la Ciudad de Buenos Aires están programados cuatro, situados justo en los límites con el Conurbano (ver Los otros Polos), para que así la mayor cantidad de personas puedan aprovechar sus recursos.

El edificio situado en Crisólogo Larralde y Galván ocupa cuatro hectáreas, y prevé el traslado de tres escuelas que padecen problemas de infraestructura: la Escuela de Música “Juan Pedro Esnaola”, la Media Técnica Nº 36 “Almirante Brown” y la Escuela de Educación Especial Nº 1 IREP, de discapacidad motora.

Además, incluye la creación de talleres para los egresados de la Escuela Especial N°11 “Dr. Aquiles Gareisso”, una Escuela Media (Magisterio y Profesorado de Música, Escuela de Luthiers e Imprenta), una Escuela Primaria y de Capacitación, un Jardín Maternal y de Infantes, un auditorio, natatorio cubierto, equipamiento deportivo y un parque para toda la comunidad.

En total albergaría a unos 4200 alumnos, además de generar nuevos cargos docentes y solucionar las deficiencias edilicias de las escuelas existentes. Pero hay un problema. El ambicioso proyecto, que se gestó en el gobierno de Aníbal Ibarra y empezó a construirse con Jorge Telerman, debía estar terminado en septiembre de 2007.

“Para entonces teníamos un 70% de avance y, desde que asumió Macri, no le colocó un ladrillo más”, cuenta Pascual Spinelli, asesor en la Legislatura porteña por el bloque Encuentro Popular para la Victoria y padre de una alumna del Esnaola.

Para Pascual, “a este Gobierno no le interesa el segmento que asiste a la escuela estatal”, y lo argumenta con datos: “Hoy en la Ciudad más del 50% de los colegios son privados, a los cuales van los que después votan a Macri.”

Lápices sin punta


La obra estuvo prácticamente paralizada durante tres años. Sólo permanecían en el lugar cuadrillas de mantenimiento de ocho o doce obreros, para una obra que necesita 200 o 300 trabajadores. “Es simplemente para que no se caiga el contrato”, explica Spinelli.

La iniciativa había sido presupuestada en unos $50 millones, en parte financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), pero la partida sufrió ya tantos cambios debido a la constante devaluación del dinero que es difícil estimar el costo actual.

La esperanza es lo último que se pierde, dicen, pero las necesidades no conocen de paciencia y se filtran entre los acordes desafinados de las guitarras del Esnaola. La escasez parece ser la regla, ya que a la falta de presupuesto para arreglar los instrumentos, se suman problemas con los sistemas de gas y eléctrico, aulas demasiado pequeñas, ausencia de salidas de emergencia y de un campo para educación física.

“Acá se cae el techo, las luces están atadas con alambre, los muebles están viejos”, protestan por su parte los alumnos de la Técnica. A esta combinación explosiva, la rectora Alejandra Martínez agrega que los talleres de mecánica, soldadura y carpintería del Ciclo Básico se desarrollan en el mismo lugar por falta de espacio.

¿Y por qué será que los alumnos de la Escuela Especial Nº 1 suelen llegar tarde a clases? Es que las aulas se encuentran en el primer piso del Instituto de Recuperación Psicofísica (IREP) y el ascensor a menudo no funciona, por lo que los docentes deben trasladar uno por uno a los casi 60 alumnos a través de una rampa de ocho curvas…

En tanto, para los estudiantes de la Escuela Especial Nº 11, llegar a los 15 años no es sinónimo de grandes fiestas sino de profunda incertidumbre. Es la edad a la que deberían egresar, pero no hay escuelas laborales que se adapten a sus necesidades. Por eso precisan los talleres Gareisso. La directora, Liliana Mendoza, lo resume en una frase: “Los chicos de 20 se duermen en los sillones porque están aburridos”.

Dicho vs. Hecho

Mauricio Macri asumió la Jefatura del Gobierno de la Ciudad a fines de 2007 y prometió terminar el Polo para mediados de 2008. Como eso no sucedió, se realizó un abrazo simbólico al predio y desde la Legislatura se gestionó el primer pedido de informes sobre el estado de avance y fecha de finalización de las obras. (Ver “Movilizaciones…”)

Las respuestas muchas veces no se correspondían con la realidad. En uno de los informes, por ejemplo, el Ministerio de Educación contestó que la construcción estaba suspendida debido al “agotamiento de la partida presupuestaria del ejercicio 2009”. Y resultó que ese año el área terminó con una subejecución del 35%.

La distancia entre el dicho y el hecho se acrecentó respecto al primer semestre de este año. “Cuando Macri dice que gastó un 45 % manipula los números”, revela Rodrigo Carbajal, asesor de la diputada Gabriela Alegre del Encuentro Popular para la Victoria. Ese porcentaje corresponde a toda el área de Educación, incluyendo sueldos, obras y otros gastos. Pero para el rubro Construcciones, sólo se utilizó el 4,5% del dinero pautado para 2010.

¿Qué dicen las empresas constructoras (RIVA y CRIBA) sobre el asunto? “Nada, ellos no pierden nunca. Porque lo que ahora vale diez, después va a valer veinte -ejemplifica Pascual. -Mientras tanto, trabajan en otras obras para el Gobierno de la Ciudad”.

La Legislatura, entonces, sancionó dos leyes que otorgarían importantes montos para la terminación del Polo. Una es la ley 3232, sobre la venta de unos terrenos en la zona de Catalinas Norte. Nada menos que el 72% ($312 millones) del Presupuesto Educativo 2010 proviene de esa transacción (ver “gráfico”). Aunque según el subsecretario de Administración de Recursos del Ministerio de Educación, Mario Terzano, el dinero aún no se utilizó porque sólo ingresó una parte en julio, en tanto el resto entrará recién a fin de año.

La otra ley en cuestión es la 3528, o “Ley de reasignación de bonos subte”. Se trata de $144 millones que se redestinarán para obras en Educación, de los cuales 30 irían para el edificio de Saavedra. El funcionario asegura que ese monto es “todo lo que se necesita para terminar el Polo”.

Esperanzas de tinta y papel


Que ironía que un edificio en construcción se asocie con las ruinas de una Institución. Pero la Educación Pública llegó a tal punto de deterioro que ocasionó que los estudiantes tomaran más de 30 establecimientos (entre ellos el Esnaola y la Técnica 36), durante agosto y septiembre de este año.

La medida de fuerza culminó cuando el ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich, presentó un plan de obras para 432 colegios que padecían deficiencias edilicias, entre otros problemas.

“El presupuesto que le está asignando Macri a la Escuela Pública es ínfimo. No casualmente se tomaron tantas instituciones eduativas”, deduce la asistente social de la Escuela Especial Nº 11, Florencia Saracho.

Ante la presión de la comunidad educativa, el 20 de septiembre pasado Bullrich firmó un documento en el que promete la finalización del Polo Saavedra, con el dinero proveniente de la “Ley de subtes”, para noviembre del año que viene (ver fascímil).

“Sinceramente no creo que se cumpla porque se fueron dando diferentes fechas y ninguna se cumplió”, se resigna Florencia. Y el escepticismo se acrecienta porque el 2011 es año de elecciones. Por lo tanto, aunque se hayan retomado las obras, el miedo general es que no se terminen.
Pero Terzano garantiza: “Si vuelve a ganar el PRO, vamos a terminar todas las obras. Y si ganan otros, no creo que tengan el desatino de suspenderlas porque el tema educativo es un tema central”.

Pascual refuerza el concepto. “No importa el signo político, la escuela pública tiene que ser para todos –proclama. -Porque después se habla de inseguridad y se intenta reparar con más policías, cuando lo que necesitamos son más escuelas y menos comisarías”.

Los gritos de reclamo se desvanecen en el viento que atraviesa esas paredes inconclusas. Pero la lucha no se apagará. Vestida con delantal blanco, subida a una silla de ruedas, o al compás de una guitarra, la Educación Pública resistirá a ser cubierta por las malezas de aquellos intereses que traten de embestir un derecho que es de todos.

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